Pues finalmente ha llegado, ya esta aquí la Navidad. Y no, no me lo ha dicho el Corte Inglés (que ellos están en Navidad desde hace un mes), ni me he fijado en la iluminación reciclada del año pasado, ni siquiera he visto al niño Jesús en el pesebre.
Lo he notado en el ambiente. Es llegar estos días e inmediatamente, al salir a la calle, inhalas Navidad a paladas. Pero no me refiero a que vea a todo el mundo en armonía, paz y felicidad (puse ayer la COPE y no noté nada diferente). Ni tampoco es que el olor a turrón de chocolate y la levadura de los polvorones tapasen mis orificios olfativos (ya solo quedan tres días de régimen, ánimo). No, amigos. Lo que se nota es la Mala Hostia Navideña (en adelante, MHN).
Es un hecho, la MHN existe. Un buen día sales a la calle, pensando en tus cosas, y al doblar una esquina accidentalmente, chocas con un señor ataviado con su abrigo y su sombrero a juego. Independientemente de la carga de responsabilidad de una y otra parte, yo siempre tiendo a pedir perdón al momento, non vaya a ser o demo. Pero cuando el virus MHN ha infectado ya el aire, no hay tiempo para la reacción. Tan solo tienes tiempo de apartar la cara justo a tiempo para evitar el salivazo que proviene de la boca de tu ¿víctima?, y escuchar un atronador "¿por qué no miras por dónde vas, sinvergüenza?". Y ya está. Ya estás de mala hostia, ya tienes el MHN. No, no es suficiente con evitar el contacto con fluidos corporales infectados, es mucho más sutil.
A partir de ese momento, completamente cargado de MHN hasta las cejas, eres una bomba de relojería. Un mal gesto, un contacto no deseado, o cualquier cosa que en el Estado de Florida te costase un tiro entre ceja y ceja, y algo se apodera de tí, algo que ves venir, pero no lo puedes evitar. Y ya no hay marcha atrás. Antes de darte cuenta, ya has soltado la bordería. Y acabas de contribuir a la propagación del MHN.
¿Qué ocurre cuando dos personas con MHN se encuentran? Podría ponerme a explicar las consecuencias de poner en contacto materia y antimateria, pero creo que me entenderéis mejor si os digo que la única vez que he sostenido una discusión a voz en grito, con un desconocido, por su mala educación (o tal vez no, porque estaba en estado febril por el MHN), ha sido precisamente en Navidad.
¿Pero qué provoca el MHN? Hay diversas teorías, pero yo creo que la más ajustada halla su justificación en la presión consumista de la Navidad. Yo, personalmente, cuando hago un balance de cuentas lo que tenía ahorrado antes de Navidad, y lo que me queda después, me entra una MHN que no puedo con ella. Me apoyo en pruebas circunstanciales, pero contundentes: el 90% de los afectados que manifestaron síntomas (trifulcas callejeras, discusiones en la cola de la pescadería o de la panadería…) llevaban una bolsa del Corte Inglés, Cortefiel o similar. Nada de Carrefour, no. Y además, solía ser abultada. Sí, en efecto, lo más probable es que fueran regalos de Navidad: raros de encontrar, muchas veces de un gusto dudoso y sobre todo, caros, carísimos (acompañados del par de gilipolleces necesarias para compensar el precio estimado del regalo recibido el año pasado de parte del objetivo)
La MHN existe, no lo duden, y no hay escapatoria. Tan solo déjense llevar y recen porque no haya heridos. Y si tratan de posponer su contagio el mayor tiempo posible, hagan el favor de evitar la sección de Oportunidades…
Comentarios recientes