Consejos en tiempos de crispación
Aún con la pena de haber tenido que tachar a otro amigo de mi lista de contertulios políticos, he decidido plasmar, por escrito, una serie de pautas para evitar llegar a la confrontación con cualquiera, hablando de política.
- Empecemos bien. Empezar una discusión política con frases como “es la mayor afrenta en la historia de la democracia“, o “es una vergüenza que…“, o la cada vez más usada “Porque la gente de bien…“, no ayudan a en absoluto a un mínimo contraste de ideas.
- No usar chascarrillos despectivos. Las expresiones “Zapatitos“, “facha“, “PRISOE“, “Rubalcabra“, “Maricomplejines” o “progre“, no colaboran a ofrecer una imagen digna de una persona con una mente abierta, capaz de dialogar sobre el tema. Se pueden usar a discreción con personas de la misma ideología, pero ofender a tu interlocutor es la mejor manera de acabar en una desagradable discusión sobre las actividades laborales de vuestros progenitores A y B.
- Humor. Cuando uno se mete en un punto de la conversación, en que se ve imposible retornar a un tono distendido, es una señal de que se está yendo por mal camino, directo a un enfrentamiento.
- No querer ganar. El uso técnicas de guerra, como la demagogia (”si legalizamos el matrimonio gay, ¿qué impide casarse con animales?”), o el víctimismo (”¿Cómo que no verdad? ¿Me estás llamando mentiroso?”), solo indican que se quiere acabar la discusión de manera rápida, con una salida airosa, y que dan igual realmente los razonamientos. Es una buena idea la de que, si decidimos mantener una conversación con alguien sobre un tema, lo consideremos apto para hacerlo, y no recurrir al insulto de su inteligencia, o al puro ataque personal. Si por desgracia nos diéramos cuenta de que no se puede proseguir una conversación porque el enfrentamiento es evidente, nunca, bajo ningún concepto se debe echar mano de sentencias como “es que contigo no se puede hablar” o “no eres capaz de tener una conversación seria“. Simplemente, sé amable. Ceder en este punto, a cambio de no quemar tus naves, puede salvar una amistad.
- No levantar la voz. Es el primer paso para perder la razón. Es desagradable. No vas a tener más credibilidad por gritar más. Cuando tu interlocutor suba la voz, baja la tuya. Si aún así no funciona, mejor parar cuanto antes.
- No hacer suposiciones sobre la ideología de tu interlocutor. Eso no hará más que ayudar a que se ponga a la defensiva, garantía de un desagradable final para vuestra conversación.
- No insultar. Si esto no se entiende…
- No tomárselo como algo personal. Ni en cuanto al ataque a tus ideas, ni como en la ofensa a las ajenas en defensa de las propias. Recordad: Humor.
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