Hola, ¿hay alguien ahí?
Y quien cojones va a haber. Pues los cuatro gatos a los que les has contado que has vuelto a escribir en el blog. Mal empezamos…
Mucho, muchísimo ha pasado desde que hace algo más de dos años escribiera mi último post. Lo dejé porque realmente, además de que no tenía mucho que decir (aunque viendo lo que hay por ahí, no es excusa para tener un blog), me aburría enormemente. Pero lo cierto, es que era una especie de terapia contra la procrastinación, un ancla a la que amarrarme cuando mi mente se empeñaba en irse de baretas y dejarme solo ante la culpabilidad de no hacer mis deberes.
Sí, en dos años aún no se me ha curado lo de las alegorías chorras. Pero estamous trabajando en ellou…
En fin, que ahora escribo este post, no muy convencido de si voy a volver a hacerlo, intentando hacer terapia otra vez. ¿Por qué terapia? Pues veréis, ahora vivo en Francia, en un pueblo que se llama Cannes. Sí, ese Cannes, el del Festival, aunque lo mío no tiene tanto glamour, ya que en realidad yo trabajo como ingeniero informático (¿aún se puede decir lo de ingeniero?) en una empresa aeroespacial. Vale, que dicho así, a algún friki hasta le molará, como a mí, pero no da para ligar ni para que te inviten a copas… ¿Así que pa qué?
El tema es que Francia está plagadita de franceses. No me interpretéis mal, adoro a mis vecinos, como si fueran mis abuelos adoptivos, y aprecio a mis compañeros de trabajo tanto como ellos me toleran a mi. Pero el francés medio es pasivo-agresivo. No sé como explicarlo que no sea con el ejemplo que doy siempre, el famoso chiste:
- El señor juez: ¿Es cierto, don Antonio Pérez Fernández, que el día de autos amenazó usted a don Francisco Marcos García, con las siguientes palabras: “¡Paco cabrón, te voy a matar hijo puta!”?
- Don Antonio: No señor juez, no es cierto, lo que yo le dije fue: “Paco, por favor, ten un poco de cuidado, que me estás echando todo el hierro fundido encima de la espalda…”
Este chiste no hace gracia en Francia, no lo pillan, porque realmente se ajustaría bastante a la realidad. Como dar la mano a CADA PERSONA que conoces CADA MAÑANA cuando llegas a trabajar -la propagación de la fiebre porcina aquí va a ser exponencial, estoy seguro-. O como esa manía que tienen de pasarse las colas por el forro de la bragueta -a veces parece que tienes dos cabezas, la tuya, y la del tío que te esta acosando por detrás-. Ayer una madre lanzó -literalmente- a su hija contra una silla en la única mesa que quedaba libre de una terraza en la que íbamos a cenar, con el fin de ocuparla antes que nosotros. ¿Cómo puedes discutir con alguien capaz de hacer eso?
Durante estos dos años he tenido la sensación constante de estar volviéndome más tonto con los años. Y eso que lo tenía ya difícil, porque cuando era un yogurín, no es que fuera muy avispado -la de chicas que no he besado porque solo querían ser mis amigas, o porque no quería ofender sus convicciones religiosas (sic)-.
Como podréis suponer la temática puede que no esté tan centrada en la actualidad, sino en moi-même, que para eso es terapia. Nadie dijo que fuera a ser más interesante…
Bueno, pues eso. Tardar, tardei, pero chegar, cheguei.












Bienvenido de nuevo a la Blogosfera, ya veo que te has movido bastante.
Espero seguir leyéndote por aquí, google reader te vigila
Ja, ja, ja. Me gusta. Sepas que voy a seguir leyendo, pero comentarios pocos.
Salud.