Libertad de Expresión
Por fin la Spirit ha vuelto a la vida. Y es que al parecer, los recuerdos la atormentaban, y no la permitían siquiera moverse. Que sí, que sí, que la solución a su problema, al parecer, es la de olvidarlo todo y comenzar de nuevo. Vamos, que le tienen que formatear el disco duro.
Y a mí me encantaría el poder olvidar, hacer borrón y cuenta nueva, y hacerme ginecólogo… Pero no, aquí sigo, peleándome con una ingeniería que no me da más que disgutos. ¡Ay, en que momento…!
Estos días se ha hablado mucho de la libertad de expresión, sobre todo a raíz de la polémica con la película documental de Julio Medem “La Pelota Vasca. La piel contra la piedra”. La verdad es que yo no he visto la película, y tenía ganas de verla, pero ahora más aún si cabe. Sobre todo después de que el PP se alegrase de que no recibiera el premio Goya. Yo también me alegro, pero porque “Te doy mis ojos” me pareció una película brutal, digna de Oscar, o más.
Porque el hecho de que al Partido Popular no le mole que veamos este documental, en el que se negaron a tomar parte, hace que me pique la curiosidad, y tengo más ganas de verlo que nunca. Al fin y a al cabo, cada vez que no han querido que veamos algo, ha resultado ser importante o cuando menos interesante. Ahí tenemos el Prestige (durante dos semanas tuvimos que enterarnos por la televisión portuguesa de lo que realmente ocurría en nuestras costas), la Comunidad de Madrid (con una comisión de investigación amañada, y aún así rezumaba la mierda: dónde está Romero de Tejada? ) o la Guerra de Irak (por qué no piden disculpas de una vez por mentirnos a la cara y matar gente inocente en nuestro nombre?)
Aunque a veces se haga un mal uso de la libertad de expresión, y se use para confundir a la gente, como ha hecho el Vaticano recientemente, obviando que son responsables, muy directos en muchas zonas, de la propagación del SIDA en el 3er Mundo, y acusando a las farmaceúticas de avaras y de ser los culpables de la proliferación del virus. Que me da la risa…
El caso es que hay gente que lo de expresarse no se le da bien, y prefieren no hacerlo, ni dejar que otros lo hagan. Al pobre (por decir algo agradable) Rovira no sé cómo le han quedado ganas de seguir dedicándose a eso de la política, con lo difícil que es hablar de algo con alguien hoy en día, sin que te lluevan amenazas de muerte, o manifestaciones contra tí, convocadas a favor de algo en lo que tu también crees…
Er mundo ejtá loco, loco, loco…












Por favor buscar en GOOGLE el nombre STEFAN LANKA.
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